Toda creación humana se enfrenta a una determinada cantidad de límites. Algunos son inevitables. Otros dependen de las decisiones que toma el propio artista. La capacidad técnica, los materiales, las herramientas o incluso el método de trabajo condicionan, en mayor o menor medida, el resultado de cualquier obra.
Una de las cuestiones sobre las que Javier Ortas ha reflexionado durante años es hasta qué punto pueden reducirse esos límites para que la obra exprese con la mayor fidelidad posible la idea concebida por el artista.
El primero de esos límites es la propia capacidad del creador. Por ello, Ortas dedicó años a perfeccionar su dibujo y su pintura. No buscaba el dominio técnico como un fin en sí mismo, sino adquirir la capacidad de pintar lo que piensa: trasladar directamente al soporte una imagen concebida mentalmente.
Otro límite está en las referencias externas. Un modelo, una fotografía o cualquier otra referencia visual introduce elementos ajenos a la idea inicial concebida por el artista y puede condicionar el resultado.
A partir de este planteamiento, Ortas decidió eliminar radicalmente modelos, fotografías y cualquier referencia visual durante todo el proceso creativo. Si toda referencia externa introduce una mediación entre la idea original y la obra, prescindir de ellas supone un paso más en la búsqueda de una pintura nacida únicamente de la imaginación, la memoria, los pensamientos y su mundo interior.
Por otro lado, las limitaciones temáticas establecidas de antemano pueden condicionar la creatividad. Aunque una idea previa pueda servir como punto de partida o inspiración, también puede limitar la expresión, la esencia y la pureza de la imaginación. Por eso Ortas prefiere que las ideas fluyan sin una dirección preestablecida, dejando que sea el propio acto creativo el que determine su rumbo.
«El arte siempre enfrenta algunos límites. A mí me gusta derribarlos, siempre que puedo.»
Por si fuera poco, la propia técnica también puede convertirse en un límite.
Cada técnica y cada material ofrecen posibilidades, pero también condicionan la creación. Para Ortas, la técnica no debería imponer el resultado, sino permitir que el artista exprese con la mayor fidelidad posible aquello que quiere crear.
«Si trabajas con cubos, tus creaciones tendrán siempre ángulos rectos. Si trabajas con metal, su textura marcará el resultado creativo.»
A Ortas no le importa que puedan tildarlo de clásico, porque asegura que no lo es. Para él, dominar el lápiz y el pincel es pura libertad creativa. Por eso afirma que no se ha inventado mejor herramienta que el pincel, porque le da el poder de pintar lo que desea, sin interferencias y prácticamente sin límites.
Su dedicación durante más de quince años a la acuarela responde al mismo planteamiento. Le ha permitido demostrar que es posible crear una acuarela contemporánea, personal, intensa y colorida.
«La técnica no manda, o no debe hacerlo. Debe permitir al artista la mayor libertad posible, porque es esa libertad, precisamente, la que permite expresar con fidelidad el mundo interior de un artista. Si te limitas, ya no eres tú mismo; hay menor fidelidad entre lo que realmente querías crear y el resultado, hay interferencias. La técnica debe aportar libertad y nunca crear limitaciones.»
A veces, el estilo de un artista acaba definiéndose por el material que utiliza y no tanto por su personalidad o por lo que quiere expresar.
Para Ortas, la libertad artística no consiste en pintar sin reglas, sino en eliminar, una a una, todas aquellas limitaciones que separan el pensamiento de la obra.