Las escenas de Javier Ortas suelen ser alegres. No todas, pero sí la mayoría. Sin embargo, esa alegría no constituye un principio inamovible. De hecho, el artista sostiene que la temática nunca debe someter a la creatividad, que ha de surgir del interior sin condiciones previas. Imponerse la obligación de crear obras alegres supondría una limitación. Para Ortas, la libertad creativa no es negociable.
La presencia habitual de emociones positivas en la obra del pintor español responde a su personalidad y a su manera de ver el mundo, muy influida por los años que vivió en América.
En aquellos años pudo experimentar formas muy distintas de afrontar la realidad. La sociedad española, y en general la europea, mostraba entonces una actitud más seria y una visión orientada a prevenir el riesgo; algo especialmente visible en las generaciones mayores. Las que vivieron las guerras. Una herencia que en parte y en distintas medidas, se sigue transmitiendo.
Cuando vivió en Estados Unidos, percibió una forma muy distinta de mirar la realidad. No existía esa carga histórica. Comprendió hasta qué punto la historia y los mensajes que recibe una sociedad pueden llevarnos a interpretar el mundo desde una perspectiva más dramática o por el contrario, más abierta y optimista.
Posteriormente, durante los años que vivió en México, lo experimentó nuevamente. Tanto en California como en México atravesó momentos personales difíciles y etapas de intensa transformación. Sin embargo, afrontarlos rodeado de la personalidad abierta y atrevida del californiano, o de la cercanía y amabilidad del mexicano, cambió su manera de vivir aquellas circunstancias.
La realidad puede ser la misma; la forma de afrontarla, no. Y la sociedad que nos rodea influye decisivamente en esa forma de mirar el mundo.
Ortas entiende que también las obras de arte participan en ese proceso. Las manifestaciones artísticas son un reflejo de la realidad social y cultural, pero también tienen la capacidad de transformarla a través de las emociones, las ideas y los mensajes que transmiten. El arte no habla únicamente de lo que somos, sino también de lo que queremos llegar a ser.
«Hay demasiada negatividad en los mensajes que recibimos hoy en día. »
No cuestionar esta mentalidad significa dejarse arrastrar por ella. Frente a una cultura saturada de mensajes negativos, elegir la belleza y la alegría es también una forma de rebeldía.
Durante los años que vivió en California comprendió que, para él, pintar no era solo una cuestión de talento y de ganas, algo que ya llevaba consigo desde mucho antes. Allí descubrió que el arte podía transformar vidas y aportar algo valioso tanto a los demás como a sí mismo. Fue esa certeza la que le llevó a decidir que solo podía tener un objetivo profesional en su vida: dedicarla al arte.
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