La belleza y la alegría en la obra de Javier Ortas

Alegría y belleza: una misión del arte

Si asumimos que el arte tiene una responsabilidad por los mensajes que transmite a la sociedad, ¿qué realidad estamos contribuyendo a crear?

Las escenas de Javier Ortas suelen ser alegres. No todas, pero sí la mayoría. Sin embargo, esa alegría no constituye un principio inamovible. De hecho, el artista sostiene que la temática nunca debe someter a la creatividad, que ha de surgir del interior sin condiciones previas. Imponerse la obligación de crear obras alegres supondría una limitación. Para Ortas, la libertad creativa no es negociable.

La presencia habitual de emociones positivas en la obra del pintor español responde a su personalidad y a su manera de ver el mundo, muy influida por los años que vivió en América.

En aquellos años pudo experimentar formas muy distintas de afrontar la realidad. La sociedad española, y en general la europea, mostraba entonces una actitud más seria y una visión orientada a prevenir el riesgo; algo especialmente visible en las generaciones mayores. Las que vivieron las guerras. Una herencia que en parte y en distintas medidas, se sigue transmitiendo.

Cuando vivió en Estados Unidos, percibió una forma muy distinta de mirar la realidad. No existía esa carga histórica. Comprendió hasta qué punto la historia y los mensajes que recibe una sociedad pueden llevarnos a interpretar el mundo desde una perspectiva más dramática o por el contrario, más abierta y optimista.

El cuadro músicos de orquesta está pintado en acuarela y muestra a tres músicos en primer plano tocando en un concierto, al fondo de la escena se ve a dos más. Ella, con un vestido rojo y en primer plano y en el centro de la imagen, toca el violín, a su derecha un músico toca una flauta y a su izquierda uno toca un saxofon. Al fondo uno de los musicos toca el piano. En la foto, el cuadro enmarcado en tonos plata sobre la pared color guinda de la galería de arte, destaca con una buena iluminación. De espaldas a la fotografía y frente al cuadro, lo admira un hombre elegante que lleva un abrigo gris. La escena en conjunto revela un aire de lujo y clase, equilibrio y calma.

Jóvenes jugando en el jardín. 70 x 50 cm.
La escena sirve como soporte para el desarrollo de su lenguaje plástico: líneas y colores otorgan la misma importancia a figuras, fondo y objetos.

Posteriormente, durante los años que vivió en México, lo experimentó nuevamente. Tanto en California como en México atravesó momentos personales difíciles y etapas de intensa transformación. Sin embargo, afrontarlos rodeado de la personalidad abierta y atrevida del californiano, o de la cercanía y amabilidad del mexicano, cambió su manera de vivir aquellas circunstancias.

La realidad puede ser la misma; la forma de afrontarla, no. Y la sociedad que nos rodea influye decisivamente en esa forma de mirar el mundo.

Javier Ortas - Obra
Turistas. 70 x 100 cm.
En sus obras, los personajes no representan a nadie en particular. Esta universalización permite un relato abierto que funciona como vehículo para que cada espectador reconozca en él su propia experiencia

Ortas entiende que también las obras de arte participan en ese proceso. Las manifestaciones artísticas son un reflejo de la realidad social y cultural, pero también tienen la capacidad de transformarla a través de las emociones, las ideas y los mensajes que transmiten. El arte no habla únicamente de lo que somos, sino también de lo que queremos llegar a ser.

«Hay demasiada negatividad en los mensajes que recibimos hoy en día. »

No cuestionar esta mentalidad significa dejarse arrastrar por ella. Frente a una cultura saturada de mensajes negativos, elegir la belleza y la alegría es también una forma de rebeldía.

Durante los años que vivió en California comprendió que, para él, pintar no era solo una cuestión de talento y de ganas, algo que ya llevaba consigo desde mucho antes. Allí descubrió que el arte podía transformar vidas y aportar algo valioso tanto a los demás como a sí mismo. Fue esa certeza la que le llevó a decidir que solo podía tener un objetivo profesional en su vida: dedicarla al arte.

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